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¿QUIÉN ESTÁ EDUCANDO AL PUEBLO? - “YO SOY EL BUEN PASTOR”

 Maruchi R. de Elmúdesi

El Evangelio de San Juan, es el único que narra este pasaje de Jesús, donde El mismo se llama Buen Pastor. Y es que “Jesús es el verdadero pastor anunciado por los profetas ( Ez 34, 1-31 y Jr 23, 1-3) que condenaban a los falsos profetas que extraviaban al Pueblo Judío. Jesús es la puerta. Por él hay que pasar para entrar en el redil. Jesús da su vida por sus ovejas a las que ama. Viene a reunir a todos los hombres en un único rebaño. Toda su obra, hasta el don de si mismo, es una respuesta libre a la llamada del Padre.” (Biblia de Jerusalén, Edición Pastoral)

Jesús mismo hace la diferencia entre el asalariado, al que no le importan las ovejas y el verdadero Pastor, aquel que da la vida por sus ovejas, a las que conoce y llama por su nombre.

Estamos viviendo en un mundo que cada vez se ha vuelto más de asalariados. Trabajamos simplemente por un salario, y nos olvidamos, “que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. (Mt. 4, 4)

No nos importan los resultados de nuestro trabajo, sino el cumplimiento de un requisito, para poder responder ante la persona o institución que nos paga, por la labor que realizamos, a veces, sin ni siquiera mucho interés. Y nadie nos cuestiona. Parece ser que ya a nadie le importa la efectividad de nuestras tareas. Cumplir por cumplir aunque no haya resultados. No importa que no haya capacidad de servicio, competencia ni eficiencia. Y ni hablar de solidaridad. Esa palabra no existe en nuestro vocabulario. Y es que no queremos comprometernos a cumplir con nuestras responsabilidades ante la sociedad y ante nuestra propia familia, para no buscarnos problemas con los demás. No nos damos cuenta de que cada vez nos volvemos más apáticos, y negligentes, porque vemos que a nadie le importa si la labor que hacemos tiene o no sentido. ¿Para qué luchar, si no se va ha conseguir nada? No se premian las buenas acciones, sino al pillo, al facineroso, al desvergonzado.

Eso lo hace el dinero. Ese es el peligro de ese poderoso caballero. Que nubla el sentido real y correcto de la vida, y muchas veces nos deshumaniza. Nos convertimos cada vez más en asalariados. Nuestras acciones se vuelven actos instintivos, sin asumir lo que conlleva lo que hacemos, tanto para nosotros como para los demás. Se pierde la pasión del deber cumplido.

Es el mismo Jesús que nos señala claramente los peligros de volverse “asaliarados”: “el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estragos y las dispersa, porque no le importa las ovejas”. (Jn 10, 12,13)

El que no actúa en lo correcto, es decir, entrar por la puerta, “sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador” (Jn 10, 1)

Todo aquel que asume un trabajo por el que no esta capacitado, está engañando y no está actuando correctamente.

¿Son los padres de familia, como el Buen Pastor del Evangelio, al que les preocupan sus ovejas, o son como el asalariado, que cuando la cosa se pone difícil, abandonan a sus hijos, a veces enviándolos fuera del país, para que sean otros los que “carguen con ellos”?

¿Son los maestros, como el Buen Pastor, a los que de verdad, les preocupan el resultado de su gestión de educadores de la verdad, del amor, de la justicia, o simplemente son asalariados? ¿Son nuestros políticos, como el Buen Pastor, o son simplemente asalariados, que corren detrás del dinero? Este es un buen momento para evaluar la calidad de los mismos, y si de veras les preocupan sus “ovejas”.

¡Señor ayúdanos a ser desinteresados y generosos y actuar en la vida conforme a Tu Santa Voluntad, Amén!


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