¿QUIÉN ESTÁ EDUCANDO AL PUEBLO? -
“AMEMOS DE VERDAD Y CON
OBRAS”
Maruchi
R. de Elmúdesi
Estas
son palabras de la Primera Carta del Apóstol San Juan, que leemos en la
Segunda Lectura de hoy, V Domingo de Pascua.
Y qué difícil se nos
hace amar a aquel que nos hace daño, o cuando hacen cosas que me
resultan injustas, cuando manipulan, atropellan y cuando actúan
contrarias a Tu Voluntad. Sé que ese es el mandato más fuerte para los
cristianos, pero es el que nos hace semejante a Dios, por eso Jesús nos
lo enseñó, siempre ha sido así. Pero, sin Jesús no podemos hacerlo, como
nos lo dice en el Evangelio de hoy: “Sin mí, no podéis hacer nada”.
A veces pensamos que
todo el amor que recibimos en el hogar, se va a ir poco a poco diluyendo
entre las malezas del ambiente que nos rodea. Y a veces es así. Por eso
es tan importante vivir unidos a esa rama, a esa vid, que es la que nos
da la vida. “Si permaneced en mí, y mis palabras permanecen en vosotros,
pedid lo que deseáis, y se realizará”. (Jn 15, 7)
No debemos permitir que
los demás nos contaminen. Debemos luchar por permanecer “en Su Amor”, a
pesar de un mundo hostil, y de tanta gente que sigue el camino
equivocado. Somos responsables de la vía que tomamos, de la vida que
deseamos llevar. No podemos echarle la culpa a otros, o al sistema.
Debemos erradicar la cultura del miedo, del mismo modo que los primeros
cristianos, que encontramos en la lectura del libro de los Hechos de los
Apóstoles, superaron el ver a un Saulo de Tarso convertido de
perseguidor en hermano defensor del que buscaba para matar. Solamente
por su fe en Jesucristo, los discípulos pudieron olvidar lo que había
sucedido antes y aceptar a Saulo como hermano. No fue fácil, pero sabían
que Cristo puede transformar la muerte en vida y esta convicción les
permitió correr ese riesgo.
El cristiano es
valiente y seguro de sí mismo, porque tiene la dignidad de los Hijos de
Dios. Por eso cuando luchamos por el derecho a la vida, lo hacemos
seguros de que lo hacemos conforme a la Voluntad del que nos ha creado.
En estos momentos se
está trabajando en reformar nuestra Constitución y se oyen voces
agoreras, que claman por dizque no “volver al oscurantismo” que conlleva
el defender al inocente que no tiene ninguna culpa de encontrarse donde
se encuentra, y que no ha hecho nada por estar ahí. Ya es hora de que
nosotros los cristianos de hoy vayamos cambiando esa cultura del miedo,
de la muerte, y vivir conforme los hijos de la luz. Es en medio de las
cosas más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos,
sirviendo a Dios y a los hombres. Dios nos llama en estos tiempos a
servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida
humana. A dar un buen ejemplo no solo de amor sino de obras positivas en
bien de los demás, como lo es el luchar por el Derecho a la Vida.
Hemos leído con estupor
todas las razones que últimamente están saliendo en los periódicos por
distintos autores, y la verdad es que es increíble el odio que destilan
hacia los que defienden el Derecho a la Vida desde la CONCEPCIÓN hasta
la muerte natural. Parece ser que el embarazo es el resultado de una
acción equivocada que hay que terminar no importa a quien nos llevemos
por delante. Es más fácil matar a un ser indefenso, que cuidarse de
jugar con los órganos de reproducción.
Y pensar que todo
comenzó después de los años ‘60, cuando muchos separaron el significado
unitivo del amor conyugal del significado procreativo. La Iglesia
siempre se ha mantenido fiel a sus principios sobre el Derecho a la
Vida, por considerar el acto sexual exclusivamente dentro de la unión
matrimonial de la pareja. No es lícito ni moral, que el hombre y la
mujer se estén uniendo bajo las leyes simplemente biológicas como se
hace en el reino animal, sin tomar en cuenta para nada la
responsabilidad que conlleva una relación ilícita que puede traer seres
no deseados, que aparecen como los virus, de la noche a la mañana. Los
padres de familia deben educar a sus hijos en un correcto uso de los
genitales, y enseñarles que con eso no se juega, so pena de tener que
asumir el riesgo que se corre con esa liberalización. No es posible que
paguen “justos por pecadores”. Eso siempre es violencia y estamos
tratando de acabar con esta.
El aborto terapéutico
no existe dentro de la mentalidad del verdadero cristiano. El niño no
tiene la culpa nunca de estar donde está. No entendemos que tan difícil
se hace educar a las personas para que asuman su responsabilidad y
quieran que sea la Constitución de la República Dominicana la que cargue
con su irresponsabilidad. Lo que no es correcto no es correcto. El que
yo me haya equivocado no amerita que otros sean los que paguen el “pato”
de mi mala acción. No entendemos cómo en esta época de tantas
reivindicaciones logradas con tantas lágrimas, vayamos a volver para
atrás simplemente para complacer a aquellos que no tienen ni idea de los
que significa el verdadero Amor Conyugal y la felicidad de una familia
funcional. Y es que el “ladrón juzga por su condición”. Los que no han
vivido una vida normal, piensan que hay regularizar lo anormal, porque
hay muchos en esa situación. ¡Es inaudito!
Jesús ayúdame a cumplir
tu mandamiento del Amor. Ayúdame a buscar siempre el bien de todos, no
callar ante las injusticias, y luchar contra las fuerzas del mal. Amén.
Otros temas de formación.