"Desde mi adolescencia pensé que la libertad sexual que yo más deseaba
es la de estar un día felizmente casada. Y pensé que tenía que guardarme
para el matrimonio, y nunca he tenido la más mínima duda sobre mi
decisión.
Y pensé que debía casarme con un hombre que tuviera un concepto
suficientemente elevado de su futura esposa como para guardarse íntegro
para ella. No es que sea lo único que valoro en un hombre, pero me
resulta mucho más fácil confiar en alguien así."
La que hablaba era una joven y brillante abogada británica llamada
Angela Ellis-Jones, en el transcurso de un debate televisivo en la BBC.
Defendía con llamativa desenvoltura una opinión poco corriente (al
menos, en ese programa).
"La castidad antes del matrimonio es una cuestión importante. Cuanto más
a la ligera entregue uno su cuerpo, tanto menos valor tendrá el sexo.
Quien verdaderamente ama a una persona, desea casarse con ella. Una
relación sexual sin matrimonio es necesariamente provisional, induce a
pensar que es una prueba que aún está a la espera de si llega alguien
mejor, y me valoro demasiado como para permitir que un hombre me trate
de esa manera.
Tal vez la postura que mantengo parece que me aísla, pero pienso que no
es así: creo que el hombre sensato sólo verá en esos principios un
motivo de mayor aprecio".
Ante un futuro incierto
Algunos piensan que lo realista es buscar cuanto antes gratificaciones
eróticas, y facilitarlas a otros. Dicen que prefieren ese "pájaro en
mano" a un amor ideal que ven como algo muy lejano. Y aunque es
comprensible que una persona se deslumbre ante las gratificaciones
inmediatas y las prefiera a todo lo que considera como promesas
inciertas, parece claro que la tarea de construcción de la propia vida
consiste precisamente en abrir horizontes nuevos al deseo, en aprender a
valorar lo que todavía no tenemos en la mano pero que, por su valor, nos
vemos llamados a alcanzar. Así lo entendía esta joven abogada británica.
Dejarse fascinar por el afán de saciar nuestros instintos es algo que
impide alcanzar lo realmente valioso. La sexualidad fuera de su debido
contexto responde a un impulso instintivo, que se inflama súbitamente y
se apaga luego enseguida. Es una llamarada tan intensa como fugaz, que
apenas deja nada tras de sí, y que con facilidad conduce a un círculo
angosto de erotismo que, en su búsqueda siempre insatisfecha, considera
que otros conceptos más elevados del amor son una simple ensoñación,
cuando no un tabú o algo propio de reprimidos.
Sócrates y la plenitud humana
Sócrates hablaba de una voz interior que le hablaba, le aconsejaba, le
reprendía, le impulsaba a buscar la verdad. Esa voz es lo más lúcido de
nosotros mismos, y nos advierte que no debemos quedarnos en las meras
sensaciones, sino buscar la verdad que hay en ellas, su auténtico valor,
y no el que está más a mano, sino el más profundo.
No se trata, por tanto, de controlar al modo estoico las tendencias
instintivas. Se trata de desear ardientemente valores más altos. Más que
control de los deseos, habría que hablar de recta búsqueda de la
plenitud humana. No se trata de reprimir las tendencias, sino de saber
orientarlas. Un director de orquesta no reprime a ningún instrumentista,
sino que señala a cada uno el camino que debe seguir para realizar su
función de modo pleno: en unos momentos habrá de guardar silencio, en
otros tendrá que armonizarse con otros instrumentos, y otras veces
deberá asumir un papel de mayor protagonismo.
Cuando alguien descubre la realidad del amor, tiene la certeza de haber
descubierto una tierra maravillosa hasta entonces desconocida e
insospechada. Se considera feliz y agraciado, y con razón. Es una
lástima que por no acomodarse al ritmo natural de maduración del amor,
algunos quieran comer la fruta verde y pierdan la meta que podrían haber
llegado a alcanzar.
por Alfonso